OPINIÓN
¿Fijar precios?
Opinión, por Miguel Ángel Anaya //
Aristóteles decía que el hombre es un animal político. Algunos economistas y politólogos suelen afirmar que la política es economía. Tomando estos dos puntos como referencia, considero que cualquier persona debería saber o interesarse un mínimo por la política y consecuentemente por la economía. Para los políticos, la economía debería ser una materia obligada.
El origen etimológico de la palabra economía se encuentra en la palabra griega “oikonomos”, que significa administración del hogar. El hogar no es solamente nuestra casa, es el país en el que habitamos y a su vez, el mundo es el condominio donde convivimos y nos desarrollamos. Las medidas que tomemos para administrar nuestra casa y las acciones de los vecinos afectarán directamente nuestro nivel de vida.
En las últimas semanas se ha disparado el precio del gas en nuestro país, el gobierno decidió emprender acciones y anunció la fijación de precios máximos para los distribuidores de este elemento. Se advirtió que la medida podría traer consecuencias para los consumidores y así sucedió; actualmente, los habitantes del centro del país, sufren del desabasto de gas, producto vital para realizar actividades industriales y personales.
El control de precios no es una medida novedosa, algunos faraones egipcios decidían fijar el precio de los granos que se consumían en su región, aquellas medidas provocaban especulación y un mercado negro; posteriormente, impusieron la pena de muerte para los especuladores de precios, esto provocó el desinterés de los productores para seguir trabajando, generando escasez y hambrunas. Por su parte, el código de Hammurabi que era vigente alrededor del año 2,000 A.C., contemplaba la fijación de precios. Esto nos dice que las leyes de controles de precios tienen al menos cuatro mil años de antigüedad y mismos años de fracasos.
En el mundo occidental, encontramos la primera referencia de control de precios en Atenas durante la época socrática, después de que por condiciones climáticas se perdieran parte de las cosechas de trigo. La cantidad de producto existente en Atenas no alcanzaba para abastecer a toda la ciudad y ante la alta demanda de este grano, el precio se disparó. Debido a las constantes quejas de los ciudadanos, el gobierno decidió establecer precios máximos para el trigo, pero los comerciantes siguieron vendiendo a precios elevados para conservar su utilidad. Derivado de esto, el gobierno creó la figura de “inspectores de cereales” que eran los encargados de que se respetara el precio fijado por decreto. El resultado: corrupción, escasez y hambruna.
En México, la fijación de precios máximos para el gas ya está provocando falta de abastecimiento y seguramente a estas alturas ya se formó un mercado negro por el simple hecho de que los mercados se ajustan más rápido a la realidad que cualquier gobierno. Más adelante seguramente habrá inflación pues resultará más caro producir los bienes o servicios para los cuales se necesita gas.
Un ejemplo de cómo solucionar la escasez y estimular la economía lo encontramos en la Alemania de la posguerra, los aliados intentaron paliar la crisis económica alemana con ayuda alimentaria y la fijación de precios máximos a productos básicos, sin embargo, no pudieron solucionar la escasez y la crisis se profundizaba. En 1948 el gobierno de ese país decidió quitar las restricciones de precios y entonces la dinámica económica cambió rápidamente, ya que había una gran oportunidad de negocio que suponía comerciar dentro de una población ávida de nuevas mercancías. Aquello provocó la presencia de muchas empresas y comenzó una guerra de precios y productos que benefició a los alemanes.
Es obvio que el control de precios en bienes y servicios como el gas, la luz o el transporte público tiene un visión social, sin embargo, miles de años de historia nos muestran que a mediano plazo, las regulaciones de este tipo provocan fuertes daños económicos y sociales para las entidades que lo promueven.
La solución es multifactorial, pero cientos de casos documentados nos enseñan que la creación y atracción de más empresas en distintos ramos, fomenta la innovación y produce una competencia que genera mejores precios y servicios para los ciudadanos. Sí es posible generar soluciones para todos. En conclusión, la mejor política social es una política económica adecuada.


