Deportes
Capital vs provincia: El centralismo que ahoga al fútbol mexicano
Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza
No cabe duda de que el centralismo en el fútbol mexicano tiene en el equipo de la televisora el liderazgo y un poder casi eterno; visto así, parece que no existe autoridad alguna capaz de someterlo.
Un equipo que carece de identidad —es decir, que no representa a los aficionados de su lugar de origen— termina siendo un conjunto de mercenarios al que solo le interesa el dinero y vestir cualquier camiseta que satisfaga sus intereses económicos.
No es un delito, desde luego, pero sí refleja una escuadra comprada que despedaza su historia y el abolengo forjado en la lucha.
Cruz Azul, por ejemplo, nacido en Segunda División, ascendió a Primera por méritos propios. Originario de Jasso, Hidalgo, llegó a la capital del país —como se diría vulgarmente— “de arrimado”, negando sus raíces y su origen provinciano. De cuna humilde, surgido del pueblo para el pueblo, decidió instalarse en la capital y renegar de su esencia (Pachuca sería lo más congruente).
Como escuadra, “La Máquina” es un equipo grande, al igual que América. Siempre pelea en la tabla general del campeonato y, en la modalidad de torneos cortos con Liguilla, no siempre es campeón el que mejor juega, sino el que logra meterse a la llamada “fiesta grande”, que llegó para quedarse.
Necaxa, surgido del sindicalismo de los electricistas de la CFE, es hoy un club sin identidad propia. Nacido en la capital, con historia y arraigo, cambió de nombre a Atlético Español, luego tuvo vínculos con Atlético Celaya y terminó asentándose en Aguascalientes, manteniendo su nombre. Ahora es un equipo provinciano que dejó atrás su origen “chilango”.
No hay que olvidar que fue comprado por Televisa y llegó a ser el cementerio de grandes figuras, con las que obtuvo tres campeonatos de Liga.
Gracias a ello, la televisora impulsó la multipropiedad. Con el tiempo, vio afectados sus intereses en el control de la FMF, al perder también derechos de transmisión y, con ello, el dominio total.
Grupo Pachuca fue el atrevido que no solo retó al todopoderoso equipo de Coapa, sino que cambió sus esquemas de transmisión y patrocinio. Sumó además a un club histórico como León, con fuerte influencia argentina y gran competitividad.
Después vino el caos: Grupo Orlegi, Grupo Caliente, TV Azteca, entre otros, con varios equipos bajo su control. La FIFA, ante la presión y la pérdida de afiliados en transmisiones de Televisa, intervino para poner cierto orden.
Pero si de arbitrariedades se trata, el caso del Atlante es emblemático. Los “Potros de Hierro” vegetaron en la Liga de Expansión, arraigados en Cancún, y ahora regresan a Primera División sin méritos deportivos, en una decisión que refleja poder e imposición. Se instalaron en el nuevo Estadio Banorte, mientras la UdeG protestó ante el TAS, organismo que terminó avalando la decisión.
La FIFA, autoritaria e impositiva, al igual que la FMF, se mantiene como dueña del fútbol: su palabra es ley.
Vale recordar que los “Potros de Hierro” tenían su propio estadio, pero tras la remodelación del Estadio Azteca, el América se lo arrebató, incluso pintándolo con sus colores azulcrema, pese a que todos sabían que sería algo temporal.
En distintos momentos, varios equipos intentaron “mexicanizar” sus plantillas para generar mayor identidad, renunciando a extranjeros. El experimento fracasó.
Por ello, destaca la identidad del “Rebaño Sagrado”, que sí conecta con su afición, a diferencia de otros clubes. Atlante, por ejemplo, intentó posicionarse como el “Equipo del Pueblo” sin lograrlo plenamente.
Guadalajara es humilde dentro y fuera de la cancha. En lo deportivo, le falta oficio para presionar a los árbitros. Basta recordar la goleada reciente de Tigres 4-1, donde el “Búfalo” Aguirre cometió una entrada criminal sobre el “Oso” González que apenas fue sancionada. Algo similar ocurrió con Carrasquilla (UNAM), quien fracturó al portero Mier en una jugada igualmente violenta minimizada por comentaristas.
La UdeG, desde su aparición en Primera División, fue un rival incómodo para el América, que incluso llegó a comprar su franquicia para desaparecerlo. Hoy, el “equipo que nació grande” enfrenta su peor enemigo: los conflictos internos y la grilla política, agravados tras la muerte de Raúl Padilla.
Todos estos ejemplos apuntan a lo mismo: la identidad y el origen de los equipos. La capital pretende concentrarlos nuevamente en un “Club de Toby” que asegure el negocio de las transmisiones.
Aun así, la zona metropolitana de Guadalajara ha albergado más equipos que ninguna otra: Guadalajara, Atlas, Oro, UdeG y UAG.
Como dato curioso, el portero Jorge García Rulfo militó en los cinco equipos mencionados, destacando como un guardameta sólido, seguro y constante.
El Oro, por su parte, le arrebató al Campeonísimo su quinto título consecutivo. A pesar del tropiezo, las Chivas lograron siete campeonatos de nueve torneos disputados en aquella época.
Monterrey, ciudad industrial, pretende desplazar a Jalisco como segundo polo futbolístico tras la Ciudad de México. Sin embargo, su clima extremo y condiciones no se comparan con la riqueza natural y calidad de vida de Jalisco.
Somos un estado privilegiado: el lago de Chapala, Mazamitla, Tapalpa, Puerto Vallarta y una zona metropolitana cosmopolita con clima templado lo confirman.
En lo futbolístico, Jalisco posee el clásico más antiguo del país y equipos de gran tradición, a diferencia de los clubes regiomontanos, cuyo destino está marcado por intereses empresariales.
Si de identidad se trata, Guanajuato también aporta historia: León, multicampeón, cuna de Antonio “La Tota” Carvajal; Irapuato, Celaya, Salamanca… todos con arraigo popular.
Pachuca, en la era de Jesús Martínez, es ejemplo de modernidad: siete títulos de Liga, presencia internacional, el Salón de la Fama del Fútbol, su universidad deportiva y una cantera constante de talento.
Una institución fuera de serie, modelo a seguir dentro del fútbol mexicano.
E-mail: etrememodelos@hotmail.com


