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OPINIÓN

Los que proponen abrir el rebaño a extranjeros: Chivas de Guadalajara, vigente el fenómeno social

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Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles //

La historia particular del equipo más representativo y significativo de este país tiene condiciones diferentes de los demás equipos en todos los aspectos, no solo por su nacionalismo marcado de sus jugadores que a lo largo de su historia deportiva tienen una trayectoria que debe analizarse en su justa dimensión.

Si bien es cierto que la práctica del futbol la realizaban las antiguas civilizaciones entre griegos, romanos, rusos, chinos y demás, es Inglaterra en la modernidad que organiza y reglamenta la práctica de esta disciplina que establece de manera globalizada para todos.

El llamado “Nuevo Mundo”, del Continente Americano “descubierto por los europeos”, en la expansión de poder y la ambición de conquistadores, que incluso algunos territorios sin importar su zona geográfica principalmente de los siglos XIX , XX y XXI son reclamados por países como Inglaterra, España, Portugal que incluso impusieron su idioma. Canadá y USA con Inglaterra, América Latina con España, Brasil con Portugal y otros países aislados que recién en el siglo pasado declararon su independencia imponiendo los usos y costumbres incluyendo la religión católica misma.

En ese sentido no se puede demeritar y cuestionar la mexicanidad del equipo Guadalajara que todos sabemos, nació por un jovencito belga de 17 años de edad de nombre Edgar Everaert quien invitó al francés Calixto Max de 16 años, junto a los hermanos Palafox, tapatíos, a formar un equipo de futbol en 1904 con el nombre de Unión para representar a todas las nacionalidades de los referidos.

Dos años después (1906) Edgar decide adoptar el nombre de la capital jalisciense para siempre, estableciendo también el uniforme con la camiseta a rayas verticales rojo y blanco (El equipo Brujas de Bélgica), el short o calzoncillo de color verde por México y las medias en azul marino (por Francia), parte del color de sus banderas de los dos últimos equipos, que casi de inmediato cambiaron el azul del calzoncillo y las medias blancas, inicialmente de manera informal usaban los solares de la antigua Colonia Moderna aristocrática de la “Perla Tapatía”, donde practicaban sus entrenamientos, ingresando en torneos locales con las escuadras de: Atlético Occidental, el Liceo de Varones (católico), Reforma (católico), Latino, Colón, Marte y Morelos, representatividades de el Salto Jalisco, La Experiencia y de Atemajac del Valle (sindicatos textileros) posteriormente, Atlas, Oro, Nacional.

Todo este preámbulo histórico del equipo Guadalajara es para establecer la influencia europea traída por los trabajadores petroleros, mineros y textileros (Inglaterra, Francia, España) en el Golfo de México en el Puerto de Veracruz, en la explotación del subsuelo mexicano de las compañías extranjeras referidas, este último país como una colonia de la monarquía española incluyendo el aspecto político-administrativo por siglos para finalmente quitarnos el yugo de la explotación con la Independencia de México, gracias a nuestros héroes patrios, con la participación directa de la iglesia católica con los curas parroquiales (Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón), del inicio de la Independencia en 1810.

Tenemos también el ejemplo de la imposición de usos y costumbres de otros países, de otras latitudes como la India con el yugo de los ingleses con sus fábricas textiles e incluso actividades deportivas como el Cricket y el Hockey sobre pasto en esa zona asiática incluyendo a Pakistán que sus habitantes practicaban convirtiéndose posteriormente en potencia olímpica.

Iniciando la era profesional a mediados de los 40’s con una mexicanidad incuestionable como política implementada desde siempre.

Carlos Alazraki comunicador publicista en el programa de Fox Sport que la solución para que el equipo Guadalajara campeonara regularmente sería cambiar su política nacionalista y contratar jugadores extranjeros, porque según él, están en desventaja participando con solo jugadores nacionales, lo cual está fuera de la realidad, que prácticamente se auto promocionaba el referido publicista que incluso llegó a manejar campañas presidenciales, mandando sutilmente un mensaje para el novel villamelón heredero de la fortuna de Jorge Vergara en su hijo Amaury, promovido por el “villamelón” comentarista André Marín.

Recientemente al cierre del año (2022), se vuelve a tocar el tema de “Chivas” con la “sugerencia” de admitir extranjeros en el equipo poniendo en la mesa de la discusión y el debate en la cadena internacional de ESPN con el conductor Heriberto Murrieta.

Entre paréntesis este personaje apareció en TELEVISA con el ícono de la noticia del periodismo del finado Jacobo Zabludovsky, hombre culto, serio, preparado quien por década manejo el famoso programa “24 horas”, que precisamente como lo llamaba Don Jacobo: “A continuación Toros y Deportes con el joven Murrieta”, discípulo con la misma escuela de su padrino y guía periodístico en cuanto a la seriedad, preparación y conocimiento de causa que domina a la perfección tanto la tauromaquia como el futbol mismo de manera profesional y objetiva que puso, repetimos, en la mesa de comentaristas junto con el ex jugador y técnico Mario Carrillo, Dionisio Estrada y Ricardo Puig que estos dos últimos comentaristas se engancharon en el tema de extranjeros en “Chivas”, como si fuera un equipo cualquiera cuando es todo lo contrario con su mística y filosofía de su nacionalismo marcado.

Ricardo maliciosa y tendenciosamente inclina la balanza del chiverío, lo mismo que de manera indiferente Dionisio asevera que Guadalajara debe dejar atrás su nacionalismo argumentando que Wintilio Lozano en los años 30’s había nacido en Arizona USA cuando era mexicano con doble nacionalidad, queriendo buscar y desprestigiar a los tapatíos con datos inciertos y tendenciosos, que al final no demerita su mexicanidad, que también se habla de Hans Friessen de padres alemanes nacido en México al igual que los actuales Isaac “Cone” Brizuela, Miguel Ponce, Gerardo Mascareño (Atlas y Chivas) cuestionados por su doble nacionalidad queriendo denostar la filosofía de la mexicanidad del equipo rojiblanco y su humildad de origen barrial.

Dichos comentaristas comparándolo con el equipo América como si fuera Real Madrid o Barcelona tan promocionado y sobrevalorado como un equipo galáctico fuera de serie, que si fuera de esa manera de tanta prosapia, solamente tiene un campeonato más de Liga (13), que “Chivas” de Guadalajara (12), que las estadísticas señalan prácticamente paridad en ambas escuadras, que los americanistas indudablemente tienen un lugar importante en el contexto del futbol mexicano, pero no tan abrumadoramente como lo quieren presentar los múltiple serviles comentaristas de todas las empresas televisoras existentes.

El equipo Guadalajara es un fenómeno social vigente ocupando un lugar preponderante en el gusto y preferencia de los aficionados que son mayoría y nadie lo puede cuestionar a excepción de los comentaristas amarillistas e incluso villamelones, que vanaglorian al equipo América minimizando a “Chivas” que forman parte fundamental de la identidad político- social y deportiva por los siglos de los siglos. . . . 

Email: etrememodelos@hotmail.com

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CARTÓN POLÍTICO

Edición 804: Lo piden los expertos: Una nueva Corte de Justicia sin extremos ideológicos

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JALISCO

La transparencia del fiscalizador

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– Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac

En Jalisco, la transparencia y la rendición de cuentas deberían ser principios innegociables. Sin embargo, la resistencia del auditor superior del Estado, Jorge Alejandro Ortiz Ramírez, a ser auditado por la Unidad de Vigilancia del Congreso revela una paradoja alarmante: el encargado de fiscalizar el gasto público evade la supervisión.

Esta actitud, denunciada por David Rubén Ocampo Uribe, titular de la Unidad, y el diputado Alberto Alfaro García, presidente de la Comisión de Vigilancia, no solo cuestiona la integridad de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ), sino que amenaza la confianza en el sistema democrático.

Desde el 10 de julio de 2025, cuando Ocampo asumió su cargo, Ortiz Ramírez ha bloqueado cualquier intento de revisión. Solicitudes de expedientes laborales, nóminas y contratos han sido ignoradas, y un encuentro institucional propuesto para el 19 de agosto quedó en el vacío. “Quería saber si todo está en regla. La respuesta fue negativa. Pedí una reunión pública con agenda común, y tampoco hubo respuesta”, relató Ocampo a Conciencia Pública.

Incluso se le prohibió a personal de la ASEJ pasarle llamadas, limitando el diálogo al secretario técnico, un subordinado que no puede sustituir al titular.

El diputado Alfaro, de Morena, califica esta resistencia como un desafío al Congreso y a la sociedad. “El auditor se siente intocable, como si fuera gobernador. Durante ocho años operó sin contralor, pero ahora que lo hay, se niega a colaborar”, afirmó.

Con el respaldo de 29 de 32 deputados al nombramiento de Ocampo, su legitimidad es incuestionable. “Sabe que abriremos la Caja de Pandora”, añadió, sugiriendo que Ortiz Ramírez teme revelar irregularidades.

La Constitución de Jalisco y la Ley de Rendición de Cuentas otorgan a la Unidad de Vigilancia facultades plenas para revisar la ASEJ sin necesidad de acuerdos previos de la Comisión de Vigilancia, como argumenta Ortiz Ramírez.

Esta interpretación “tecnicista” es, para Ocampo, un escudo para evadir la fiscalización. La pregunta es inevitable: ¿qué oculta el auditor? Denuncias internas apuntan a aviadores, nóminas infladas, “moches” por laudos laborales y tolerancia a incapacidades falsas avaladas por el IMSS.

Una figura clave en estas acusaciones es Sandra Verónica Márquez González, de la Dirección Jurídica, señalada por mantener personal inexistente en nómina y exigir pagos ilegales, prácticas que arrastra desde su paso por el Tribunal de Arbitraje y la Fiscalía, donde se le vinculó al “Clan Trevi” por cobros indebidos.

La ASEJ es un pilar estratégico del gobierno de Jalisco, con autonomía técnica y de gestión para garantizar imparcialidad en la fiscalización de un presupuesto cercano a los 200 mil millones de pesos. Su rol como contrapeso es crucial para generar confianza ciudadana.

Sin embargo, la resistencia de Ortiz Ramírez recuerda épocas oscuras de la Contaduría Mayor de Hacienda, antecesora de la ASEJ, donde se rumoraba que las cuentas públicas se “lavaban” mediante acuerdos entre bancadas legislativas. Funcionarios corruptos encontraban en estos arreglos una vía para encubrir irregularidades, otorgando un poder desmedido al titular del organismo.

Hoy, la ASEJ debería ser un modelo de integridad. El Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2030, liderado por Cynthia Cantero Pacheco, establece la transparencia y la participación ciudadana como ejes rectores de la gestión pública. Este plan, construido con la voz de más de 675,000 jaliscienses, vincula el presupuesto a resultados medibles, exigiendo apertura y rendición de cuentas.

La opacidad de Ortiz Ramírez contradice este espíritu, debilitando la credibilidad de una institución que debería ser ejemplo.

La pasividad de otros actores institucionales agrava el problema. El silencio del Congreso en pleno y la inacción de la Fiscalía Anticorrupción alimentan percepciones de complicidad o indiferencia. Mientras, rumores de una posible reelección de Ortiz Ramírez, tras ocho años en el cargo, generan rechazo. “Un gobernador dura seis años y se va. Este señor pretende quedarse otros ocho. Es inadmisible”, sentenció Alfaro.

¿Cómo puede hablarse de rendición de cuentas si el fiscalizador se coloca por encima de la ley? La resistencia de Ortiz Ramírez no es un simple desencuentro burocrático; es una afrenta al sistema de pesos y contrapesos.

“La opacidad reina en la Auditoría. Si el auditor desconoce la ley, ¿cómo fiscaliza al estado?”, cuestiona Ocampo. La sociedad, cada vez más vigilante, exige respuestas. Ortiz Ramírez tiene una oportunidad: abrir las puertas de la ASEJ, entregar la información solicitada y demostrar que no hay nada que ocultar. De lo contrario, su silencio seguirá alimentando sospechas de irregularidades.

La transparencia no es negociable, y Jalisco merece una Auditoría Superior que predique con el ejemplo. Es hora de que el fiscalizador rinda cuentas.

 

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JALISCO

MC: espejismos de unidad y fractura a la vista

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– Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco

Movimiento Ciudadano en Jalisco ya abrió el telón de su renovación interna con la elección de 64 nuevos coordinadores municipales en la vieja casona de Av. La Paz. En apariencia, un ejercicio de normalidad partidista: discursos de unidad, promesas de cercanía con la gente, rostros nuevos para el escaparate y la certeza de que el partido naranja seguirá marcando la pauta en la política local.

Una postal impecable para las páginas de los diarios amigos… pero un espejismo apenas capaz de ocultar las fracturas internas que corroen al partido naranja. Pues, bajo el barniz del entusiasmo, se esconde un mapa con claroscuros que la dirigencia difícilmente podrá negar.

Los números de la elección de 2024 fueron generosos en sus bastiones metropolitanos: Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco volvieron a confirmar la hegemonía emecista. En la capital, 308 mil votos aseguraron la continuidad; Zapopan, con 323 mil sufragios, consolidó la plaza más codiciada del estado; y Tlajomulco refrendó, una vez más, su condición de vivero político del grupo alfarista con 94 mil papeletas a su favor. Una trinidad metropolitana que otorga poder y recursos, pero que no resuelve la fragilidad en el resto del estado.

Porque más allá del brillo urbano, MC perdió terreno en Puerto Vallarta —joya turística entregada al PVEM en sociedad con Morena—, cedió Ciudad Guzmán, enclave agroindustrial del sur, y vio escaparse Tepatitlán, bastión alteño que durante años se pensó inmune a los embates opositores. En Tlaquepaque y Tonalá, el retroceso fue aún más doloroso: en el primero, los 109 mil votos no alcanzaron para retener la presidencia municipal; en el segundo, apenas 47 mil sufragios lo relegaron a un segundo lugar incómodo detrás de Morena. Un tropiezo estratégico en el oriente metropolitano que desnuda la vulnerabilidad del proyecto.

Mirza Flores, encargada de administrar esta renovación interna, habla de “liderazgos de territorio, cercanos a la gente”. El discurso suena bien, pero la tarea es monumental: reconstruir la cohesión de un partido que, en su expansión, ha multiplicado corrientes, intereses y pleitos internos. Porque el problema no es solo perder municipios: es perderlos mientras el partido se enreda en disputas de candidaturas, pugnas entre cuadros y una dirigencia que debe demostrar que puede arbitrar sin fracturar.

Los números distritales tampoco ayudan: de 20 distritos locales, MC apenas ganó 6; de los federales, ninguno y los plurinominales fueron para los exfuncionarios que necesitaban fuero y los “liderazgos” escogidos. Esto significa que, aunque controla alcaldías claves, su voz legislativa es reducida y carece de peso real en el Congreso federal.

Un contraste brutal: músculo en los municipios, anemia en las cámaras. Y esa asimetría no se corrige con discursos ni asambleas, sino con operación política en campo, con la capacidad de seducir al votante rural, al comerciante alteño, al campesino del sur que aún ve en el naranja una marca citadina, aburguesada y distante.

Pero lo verdaderamente corrosivo no está en las urnas, sino en los pasillos. La disputa Alfaro–Lemus ha dejado de ser un rumor y se ha convertido en un hecho palpable. Enrique Alfaro se resiste a entregar el control de candidaturas y cuadros, mientras Pablo Lemus mueve sus piezas con paciencia quirúrgica, tejiendo su propia red de operadores que responden solo a él. Entre ambos, Mirza Flores aparece como árbitro incómodo, obligada a conciliar lo irreconciliable: mantener la disciplina de un ejército que ya no reconoce un solo general.

El grupo Alfaro–Lemus sabe que esta es su última gran prueba antes de 2027. Si logran ordenar candidaturas y mantener la paz interna, MC llegará con posibilidades de sostener el gobierno estatal. Pero si insisten en los métodos de imposición y en los arreglos de cúpula, el costo será alto: perderán distritos clave, y con ellos, la capacidad de negociar en el Congreso y de sostener el control territorial.

Los cuadros históricos, los que alguna vez creyeron en la “ola naranja” como una alternativa fresca, se encuentran marginados o desplazados por nuevas caras que responden a intereses de grupo. La operación interna dejó cicatrices: candidaturas impuestas, militantes que sienten haber sido utilizados y un éxodo silencioso hacia Morena y el PVEM que ya se empieza a notar en las regiones.

En política, decía siempre la vieja guardia, no basta con administrar victorias: hay que blindarlas. Movimiento Ciudadano gobierna hoy con holgura en las ciudades, pero su debilidad en la periferia y en el interior del estado es evidente. Las plazas que perdió en 2024 son recordatorio de que el poder es un animal volátil: se escurre por las rendijas más pequeñas y muerde cuando menos se le espera.

La renovación municipal, que en el discurso se vende como ejercicio democrático, en los hechos es un intento de tapar grietas con retórica. En lugar de cohesión, lo que se advierte es una carrera por controlar posiciones rumbo al 2027. Cada comité local es, en realidad, una ficha en el tablero de negociación entre Alfaro y Lemus.

La batalla del 2027 no se jugará únicamente en los edificios de avenida Hidalgo o en los mítines de funcionarios públicos en la Casa Ciudadana. Se librará en los tianguis de Tonalá -donde el Ayuntamiento ha prendido focos rojos-, en los talleres de Arandas -Cuando se habla de la inseguridad que hay en las carreteras de la zona-, en los mercados de Lagos de Moreno -Al momento de hablar de un nuevo ejecutado o desaparecido- y en las colonias populares de Tlaquepaque -Explicando por qué el SIAPA no otorga el servicio que cobra: agua-. Ahí, donde los discursos sobran y lo que cuenta son los servicios públicos, la seguridad y la cercanía real de quienes gobiernan.

La verdadera batalla de 2027 no será contra Morena ni contra el PVEM. Será contra sí mismo. Porque, como tantas veces en la historia política de este país, los partidos no caen por la fuerza del adversario, sino por la podredumbre que incuban dentro.

Hoy MC es un cascarón brillante en la superficie, pero carcomido por dentro. Se vende como movimiento fresco, pero huele ya a partido viejo: facciones enfrentadas, candidaturas negociadas en lo oscurito y un liderazgo que se desgasta en administrar pleitos en lugar de ganar territorios.

Si no corrigen el rumbo, el espejismo de unidad que hoy pregonan se desmoronará al primer soplo de la contienda. Y entonces, la historia no hablará de una derrota electoral, sino de un suicidio político en cámara lenta. Una crónica que, como tantas en la política mexicana, no se escribirá con tinta… sino con epitafios.

En X: @DEPACHECOS

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