OPINIÓN
El agua en campaña: Crisis hídrica, disputa política y corrupción
Opinión, por Pedro Vargas Ávalos
El problema del agua en la zona conurbada de Guadalajara es un reto de romanos. Las consecuencias del abandono en materia de aprovisionamiento del vital líquido, que tiene como responsable directo al Sistema de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), se han convertido en una verdadera crisis; sin embargo, “no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre”, pues desde los tiempos del priismo monopólico, luego de los panistas arrogantes y, finalmente, del gobierno moviciudadanizado —los naranjas, pues—, los gobernadores del estado han metido la mano para que, como resultado, impere la incompetencia y reine la corrupción. Es un caso muy parecido a lo que padece el IPEJAL.
Los habitantes de la Perla de Occidente y sus áreas circundantes han reportado un intenso olor en el agua para uso doméstico que llega a sus hogares. Aseguran los expertos que ese líquido, dizque potable oficialmente, no es bueno para consumirse, para el aseo ni tan siquiera para hacer buches.
Las múltiples denuncias ciudadanas afirman que el agua tiene un color intenso y huele a materia fecal. Por ello, ya pidieron la intervención del fiscal Anticorrupción estatal, a fin de que se aclaren los hechos y omisiones que han quebrantado el patrimonio del SIAPA (Mural y El Diario NTR, 16-VII-2026).
Ante esa situación lamentable, el secretario de Salud de Jalisco, Héctor Pérez Gómez, y el titular de la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de Jalisco (Coprisjal), José Antonio Muñoz, declararon que han recibido reportes de agua contaminada en viviendas de 200 colonias, de los 2 mil asentamientos que hay en la Zona Metropolitana de Guadalajara.
Pero organismos civiles manifiestan que son más de 600 las colonias quejosas. Por su parte, el gobernador del estado declaró: “Lo que se descuidó durante los últimos años fue potabilizar esa agua adecuadamente para que llegara de calidad a los hogares. Por lo tanto, hoy la estrategia principal que estamos siguiendo es invertir en la calidad y potabilización de esa agua para la Zona Metropolitana de Guadalajara” (Proceso, 14/7/2026).
Las medidas anunciadas, unas son para aplicarlas inmediatamente y las demás se contemplan para plazos medianos y largos. Aquellas consisten en la instalación de plantas potabilizadoras móviles en espacios públicos, el reparto de agua mediante pipas y la entrega de vales para que las familias obtengan garrafones de agua en establecimientos comerciales que se sumen al programa (Proceso, ídem). La verdad es que se antojan parches populistas.
Ahora bien, el asunto de fondo, es decir, dar verdaderas soluciones que resuelvan la crisis, no es cosa de días, sino de muchos recursos. Viendo los comunicados al respecto, se observa que ni hay consensos en las cantidades por invertir ni en el origen de tales fondos, pero no cabe duda de que se necesitan carretadas de dinero, una auténtica danza de millones. El Ejecutivo mencionó que las medidas inmediatas —la especie de parche— para apoyar a los pobladores de la capital jalisciense ascienden a cien millones de pesos.
Pero la ampliación de la Planta Potabilizadora Número Uno requerirá una inversión cercana a 2 mil 500 millones de pesos, mientras que el proyecto de La Calera demandará alrededor de mil millones de pesos adicionales. En cuanto al Plan Hídrico que envió al Congreso estatal, contempla alrededor de 42 mil millones de pesos. El proyecto plantea 32 acciones estratégicas divididas en cuatro ejes primordiales: 14 enfocadas en la calidad del agua, 8 en saneamiento, 6 en gestión integral de agua pluvial y resiliencia urbana, y 4 destinadas al abastecimiento.
Una declaración de Pablo Lemus hizo que hasta la presidenta Claudia Sheinbaum respondiera. El gobernante dijo que: “Hasta este momento no hemos recibido una respuesta positiva de la Federación para aportar recursos. Cero pesos, cero centavos de la Federación han llegado hasta el día de hoy para cualquier proyecto de infraestructura en Jalisco”. La respuesta fue casi inmediata, y la mandataria lo hizo con una frase que pesa: “Si tiene reclamos, que los haga… por teléfono y no por declaraciones”. El gobernador afirmó que no busca confrontaciones y que respeta mucho a la Presidenta.
Lo anterior nos da idea de que ahora también se está politizando el delicado asunto del agua para la Perla Tapatía y sus alrededores. La alcaldesa de Guadalajara, Verónica Delgadillo García, en sus clásicas conferencias, en las que parece estar en la pasarela y lucir su figura, también pone su grano de arena y acudió al Senado de la República para exigir recursos federales, pues no recibe ninguno, como expresó su jefe político, Lemus. Su principal exigencia es contar con recursos para hacer frente a la crisis del agua y mejorar la infraestructura de la Zona Metropolitana del municipio que gobierna.
Adicionalmente, quiere la restitución del Fondo Metropolitano (suprimido hace ocho años) y la creación de un Fondo de Capitalidad, argumentando que Guadalajara brinda servicios diarios a millones de personas de otros municipios, lo que desgasta su infraestructura hídrica y urbana. Esto ya lo sabía —o se supone que debió saberlo— cuando aspiró a la presidencia municipal. Ese reclamo lo hizo rodeada de senadores y políticos naranjas; o sea, lo que realmente llevó a cabo fue partidizar el dilema hídrico.
Al gobernante —por estos días ya de vacaciones— y a la munícipe guadalajarense, la diputada Merilyn Gómez Pozos, presidenta de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados federal, les dio una contundente respuesta: el gobierno naranja encara la crisis del agua con soluciones absurdas: que la gente compre garrafones, pastillas de cloro, además de buscar adquirir una nueva deuda de 20 mil millones de pesos para Jalisco.
Tras señalar que la alcaldesa, quien fue diputada, ni siquiera entiende que no es en el Senado, sino en la Cámara de Diputados, donde deben plantearse las peticiones de fondos (indicó que, en esta instancia, ningún jefe naranja ha propuesto solución alguna), les dice a ambos políticos: “Fosfofosfo”, que, si no supieron manejar el año pasado doce mil millones del presupuesto, y este alrededor de mil doscientos, “¿para qué quieren más dinero, si no lo saben utilizar?” (Dolores Casas, Origen, 15 de junio de 2026).
El senador morenista Carlos Lomelí refuerza la idea antedicha y menciona que: “La estrategia para enfrentar la crisis del agua que llega en malas condiciones a miles de hogares de la Zona Metropolitana de Guadalajara no sorprende, pero indigna y no podemos normalizarla. Los gobiernos naranjas dejaron caer el servicio a propósito para ahora decirnos que la ‘única’ solución es pedir una deuda millonaria y entregarles el negocio a sus cuates. Ya lo hicieron con el transporte, con la basura y ahora van por el agua” (Instagram, 15-VII-2026).
Los diputados guindas en el Congreso local previenen que pondrán el plan de Lemus a examen de especialistas y de la ciudadanía, para tener sobre ese proyecto una conclusión técnica y con sustento social.
Así las cosas, vemos que todo mundo quiere tener vela en el asunto de la crisis hídrica; que son montones de millones los que se ocupan para afrontar el reto y que, a la corrupción que debilitó al SIAPA (fenómeno que no se nota que esté acabado), se suma una peligrosa partidización. Mientras tanto, cientos de colonias de la zona conurbada de Guadalajara sufren las consecuencias y, por más que nos esforcemos, no se ve cercana una solución.
Quizás esta se encuentre con la misma fórmula como se resolvió el caso de la presa El Zapotillo, cuando el Ejecutivo federal puso las cosas en su lugar, salvando de la inundación a los pueblos amenazados (Temacapulín, Acasico y Palmarejo) y ordenando encauzar el vital líquido del río Verde para beneficio, no de León, como querían los panistas, sino de la Perla de Occidente.



