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OPINIÓN

El mayor patrimonio de una persona

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Opinión, por Violeta Moreno Haro 

Vivimos en una época en la que resulta muy fácil acumular contactos, seguidores o personas con quienes intercambiamos mensajes todos los días. Sin embargo, la amistad verdadera sigue siendo uno de los bienes más escasos y valiosos que puede tener un ser humano. Precisamente porque es escasa, su importancia es todavía mayor.

Con los años he llegado a una conclusión sencilla: un amigo no es únicamente quien dice que estará contigo, sino quien aparece cuando realmente lo necesitas. La amistad no se demuestra solo con palabras, sino con hechos. Quien encuentra tiempo para escucharte, tenderte la mano, abrirte una puerta o permanecer a tu lado cuando las cosas se complican hace mucho más que quien promete lealtad únicamente durante los buenos momentos.

Este quizá sea uno de los aprendizajes más importantes para las nuevas generaciones. Muchas veces confundimos simpatía con amistad, convivencia con compromiso o afinidad con lealtad. Son cosas distintas. Hay personas con quienes compartimos momentos extraordinarios y que, sin embargo, desaparecen cuando enfrentamos una dificultad. No necesariamente son malas personas; simplemente no son nuestros amigos.

También he aprendido que la verdadera amistad se reconoce especialmente cuando la persona de la que se habla no está presente. Recuerdo, por ejemplo, haber visto a Fernando Arteaga defender con firmeza a uno de sus amigos. No lo hizo para recibir reconocimiento ni para quedar bien con alguien. Lo hizo porque consideró que era lo justo y porque la lealtad también consiste en cuidar el nombre de quienes no están ahí para defenderse. Ese tipo de acciones retrata mejor a una persona que cualquier discurso sobre la amistad.

Con frecuencia escucho decir que en la política no existen los amigos ni las lealtades. Mi experiencia ha sido distinta. Me considero profundamente afortunada de haber encontrado personas que han estado presentes en diferentes momentos de mi vida y de mi trayectoria.

Me considero profundamente afortunada de haber encontrado personas que han estado presentes en distintos momentos de mi vida y de mi trayectoria. No pretendo hacer una lista exhaustiva, porque seguramente omitiré, sin querer, a alguien importante, pero quiero mencionar a algunas personas que representan para mí el valor de la amistad, la confianza y la generosidad convertidas en hechos: Idolina Cosío, Fernando Arteaga, Carlos Aldana, Rubén Vázquez, Enrique Ibarra, Luis Ulloa, Gabriel Ibarra, José Trinidad Padilla, Tonatiuh Bravo, Héctor Pizano, Memo Cosío, Alberto Uribe, Virginia Aspe, Guillermo Zepeda, Eduardo Rosales, Gumaro Guerrero, Lupita Cosío, Miguel Padilla y Raymundo Gómez.

Como ocurre con cualquier figura pública, alrededor de cada uno existen opiniones diferentes, afinidades y desacuerdos. Yo solo puedo hablar desde mi experiencia. He tenido el privilegio de conocer en ellos facetas que pocas veces son visibles para los demás y admiro las distintas formas en las que han contribuido a su entorno como políticos, empresarios, académicos, filántropos, historiadores, operadores y constructores de una mejor sociedad.

No los idealizo ni pretendo que todos compartan mi opinión. Reconozco aquello que he visto de cerca y agradezco haberlos encontrado en mi camino. En diferentes momentos, cada uno me ha dejado una enseñanza, me ha brindado confianza, apoyo, una palabra oportuna, una puerta abierta o una mano extendida cuando fue necesario.

A todos ellos les agradezco sus enseñanzas, su confianza, su apoyo y los momentos compartidos. También quiero que sepan que cuentan conmigo de la misma manera, porque la amistad verdadera debe ser recíproca. No puede sostenerse únicamente de un lado ni aparecer solo cuando todo marcha bien.

Los cargos terminan, el dinero cambia de manos y el reconocimiento público es pasajero. Los amigos verdaderos permanecen. En una época en la que la lealtad y la presencia auténtica parecen valores cada vez más escasos, su existencia se vuelve todavía más valiosa.

Ese, quizá, sea el mayor patrimonio que una persona puede construir a lo largo de su vida.


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